El Luchador

El circo de la lucha libre es una de las tradiciones que Estados Unidos ha logrado exportar al resto del planeta con gran éxito. Millones de personas disfrutan con los combates de las estrellas de la WWE convertida esta en un espectáculo tan lucrativo como global desde que Vince Mcmahon se hiciera con las riendas de la empresa familiar y descubrió las enormes posibilidades que ofrecía. Pocos se preguntan que fue de aquellos luchadores colosales cuando cumplen su reinado de éxito y dejan paso a otras estrellas. La vida sigue para ellos, formando parte de otros espectáculos menores que se mueven por el país  pero fuera del glamour y el dinero de la WWE. Darren Aronofsky  contó de manera entrañable y dramática la vida de uno de ellos.
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Estrenada en 2008 “El luchador” es una amena historia protagonizada por un Mickey Rourke en estado de gracia y que, demostró que los excesos y su mala filmografia no le habían hecho perder un ápice del gran actor que continuaba siendo. Rourke encarna a Randy “The Ram” Robinson, estrella de la lucha libre de los años 80 que ahora sobrevive a duras penas en el mundo del pluriempleo. Sus combates en circuitos de segunda categoría van minando su ya de por si deteriorada salud.

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La antigua Superstar que recuerda sus épocas de gloria jugando con un viejo videojuego de Nintendo donde el aparecía con los chicos del barrio ahora es un mozo de supermercado. Es difícil no sentir simpatía por Randy: sigue apegado a sus sueños, haciendo aquello que mas le gusta pero no olvida que sus mejores días han pasado y que la vida sigue. El presente es una familia rota donde su hija no siente especial aprecio por el y su mujer lo quiere marcando distancias. Randy representa a la perfección a los perdedores entrañables del cómic “American Esplendor” sin olvidar que el conoció la otra cara dde la moneda y añora esos años 80 donde fue una estrella mediática y ese viejo videojuego es un trozo del legado de lo que un día fue y a lo que se sigue aferrando.

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La vida del luchador da un vuelco cuando las complicaciones de salud le hacen plantearse algo que, aunque suene a tópico no deja de ser menos cierto: Le quedan muchas batallas todavía y no todas están dentro del ring, como recuperar a su hija y ordenar su vida. El filme en ningún momento opta por hacer un análisis crítico o morboso en torno a la lucha libre. Muy al contrario muestra a través de pequeños retazos de manera muy entrañable como es la preparación de un combate. Randy entra con su rival en una tienda en busca de aquellos objetos con los que se golpearan en el espectáculo como el que va al Mercadona en busca de un paquete de galletas o papel higiénico.

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Pero el director tampoco obvia ese lado turbio y nos muestra a un Randy que visita al camello en busca de drogas para que su castigado cuerpo soporte la velada siguiente. El final de la película es ÉPICO y es también un guiño cariñoso de Aronofsky al Wrestling, espectáculo donde todo esta amañado o mejor dicho ensayado pero es compatible con no perder la dignidad como luchador siendo este consciente que actúa como agente de sueños para las personas que lo están contemplando.
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En definitiva, uno de los mejores dramas de la década pasada repleto de sinceridad que apuesta por no ignorar aquellos detalles oscuros pero a su vez confrontarlos con la humanidad de sus protagonistas  a través de una historia bien realizada.

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