Paddington 2, sandwiches de mermelada y buenos modales

Maravillosa y encantadora. Así es la secuela de Paddington. Paul King regresa como el director del filme tras tres años desde que adaptase al personaje creado por el escritor Michael Bond en sus novelas.

Si el osito ya nos conquistó en 2014 , la nueva entrega vuelve a demostrar que lo verdaderamente importante es cómo nos comportamos con nuestros semejantes.

Villanos teatrales, tesoros escondidos, duros pero simpáticos criminales y modales son algunos de los ingredientes que componen el filme, ¡Ah!, ¡Y MERMELADA! Ese, es otro de los ingredientes secretos para la receta del éxito de Paddington.

Con sus escasos 95 minutos que se pasan volando, el filme tiene un ritmo rápido. Divertida y emotiva por momentos, Paddington consigue satisfacer al espectador con sus números musicales al más puro estilo Brodway, recuperando también, esa amabilidad que les falta a muchas películas faltas de vida y sin optimismo alguno.

Llena de valores, de buenas intenciones y con mucho cariño, la película es capaz de sumergirnos en un viaje de emociones, recuperar elementos clásicos de un filme familiar, conectar tanto con los peques cómo con los adultos y al salir tener una sensación de inmensa felicidad. Sin lugar a dudas una fantástica película para ver en familia o, porqué no… disfrutarla por el mero hecho de recuperar un poquito de optimismo.

El filme empieza con una emocionante escena donde vemos parte del pasado de Paddington ahora, afincado en Londres con su familia adoptiva, los Brown.

Nuestro osito protagonista, decide visitar una tienda de antigüedades buscando el regalo perfecto para su tía Lucy. Y lo encuentra, un libro pop-up de la ciudad.  Pero pronto las alegrías se acabarán para Paddington cuándo entre en escena un villano que quiere echar el guante al libro, pues esconde las pistas para dar con un gran tesoro.

Esto, introducirá a Paddington junto a todo el clan Brown en una situación totalmente insólita embarcándose en una nueva aventura.  Hugh Grant da vida al pérfido Phoenix Buchanan, actor y maestro del disfraz.  Recuperando a esos villanos infames y teatrales que recuerdan en cierta manera al David Niven de la Pantera Rosa.

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