[Crítica] El ritmo de la venganza

Reed Morano, la directora de la conocida serie El cuento de la criada se pone tras las cámaras para encabezar el nuevo proyecto cinematográfico que se estrena hoy en cines. El ritmo de la venganza es la adaptación a la gran pantalla del libro homónimo (The Rythm Section) aunque inédito en nuestro país de Mark Burnell que cuenta con un elenco muy llamativo encabezado por Blake Lively, Jude Law y Sterling K. Brown.

La historia gira en torno a Stephanie Patrick, quien perdió a su familia en un accidente aérero. Cuando se entera de que no ocurrió como lo conoce, la rabia que le produce saber la verdadera razón le hace dar un giro a su vida. De esta manera se adentrará en la misión de encontrar al culpable real y conseguir venganza por su familia. Recientemente, en los últimos años hemos podido ver que las historias de venganza con protagonistas femeninas han ido ganando poco a poco en espacio en la cartelera, aunque aún lamentablemente les queda bastante recorrido. Ejemplos de ello son Peppermint (Matar o Morir)  o Revenge.

Pero en esta ocasión la temática es algo diferente, ya que no es una historia de venganza al uso, donde solo se nos muestra la acción de principio a fin como si fuera una carrera contrarreloj. El guión que nos presenta Mark Burnell trasladando su obra al cine es medido, está bastante planificado para tener, como bien dice su título, un ritmo. Este ritmo es como si hubieran compuesto la película al igual que una partitura de música, con partes que van decreciendo y se mantienen y otras que van acelerando.

Al principio nos puede parecer una película más, pero el detalle de las imágenes y la fotografía nos atraparán en el momento en que Stephanie se ponga en acción para decidir detener al culpable de la muerte de su familia. Pero lo más curioso de todo esto son las diversas localizaciones en las que tienen lugar las escenas de la película, con la que viajamos por varios lugares de Europa, pasando por Tánger y dando un pequeño paseo casi por la plaza del Sol de Madrid.

El papel de Blake Lively hace que no parezca ella porque de primeras vemos a una mujer demacrada, sin ganas de vivir, que se ahoga en el amargo dolor de haber perdido lo más valioso que tenía y que de repente alguien le de una cierta esperanza. Pero bien es cierto que si tenemos en cuenta otros papeles que ha realizado anteriormente, siempre la hemos visto muy elegante como en la reciente Un pequeño favor. En esta película toma un cambio radical y no la reconoceremos de primeras, aunque personalmente cuando sale con su nueva apariencia me recuerda a Lisbeth Salander de Millenium.

Jude Law por su parte es una pieza fundamental para el personaje de Stephanie, ya que será el encargado de enseñarle todo lo que sabe para poder enfrentarse a su enemigo. A pesar de no hacerlo con las formas más ortodoxas, hay que decir que las escenas donde entrenan están muy bien elaboradas y coreografiadas. No obstante, es una de las partes de la película en las que personalmente me sobran minutos. Por otro lado, Sterling K. Brown también es esencial ya que es otro de los puntos de conexión que debería de tener un mayor peso de aparición y protagonismo en la trama, que acab quedándose corto y en un intento fallido.

La cinta tienen partes claramente diferenciadas, pero seguramente si le hubieran dado una vuelta más a la parte final, habría quedado de otra forma que flojea un poco después de todos los sucesos que se han ido dando para poder cerrar la historia. Y aunque el final se queda abierto, se podría dar a entender que es posible que veamos una segunda parte, cosa que no creo, pero nunca hay que perder la esperanza. Todo depende de la taquilla en este caso.

Por último, me gustaría indicar que la música tiene un protagonismo que acompaña siempre a los personajes y las diferentes escenas de acción. Steve Marazzo se ha ocupado de realizar la banda sonora, contando con la inestimable colaboración de Hans Zimmer, con lo que está aseguradísimo que en este sentido no defraudará. Si sois fans de los thrillers seguro que os gusta, ya que tiene una duración adecuada de 100 minutos y no llega a cansar en ningún momento.

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