[Crítica] MIDWAY

El aclamado director Roland Emmerich vuelve a los cines por todo lo alto, y nunca mejor dicho, para traernos un nuevo episodio de la Segunda Guerra Mundial. Tras Independenc Day, 2012, su polémica versión de Godzilla o El pariota entre otros títulos, vuelve a ponerse tras las cámaras con MIDWAY. Esta película nos traslada al episodio que continúa justo tras los hechos conocidos del ataque a la base americana de Pearl Harbour por parte de Japón. Una historia que solo podría mostrarnos visualmente un director de esta talla. ¿Nos acompañas en este viaje?

1942, Segunda Guerra Mundial. Después del devastador ataque sorpresa que destruyó Pearl Harbor, la Armada Imperial Japonesa se prepara para un nuevo ataque. Pero el Almirante Nimitz (Woody Harrelson) y Dick Best (Ed Skrein), el mejor piloto de la armada estadounidense, preparan un contraataque al imponente ejército japonés. Dick encabezará un ataque masivo que hará que Japón se dé cuenta de su error. Una decisión que cambió el curso de la historia para siempre.

Mientras estos dos titánicos enemigos emprenden una letal batalla para cambiar el rumbo de la guerra, todas las miradas se vuelcan hacia la remota isla de Midway, donde una serie de impactantes ataques aéreos y marítimos pondrán a prueba la potencia y la fortaleza de ambas naciones.

Lo que más llama de la atención de esta cinta es el gran elenco que se ha reunido para la ocasión, y que además era realmente necesario debido a la cantidad de personajes que toman parte en este enfrentamiento que hasta ahora solamente se había contado en el cine con Charlton Heston en 1976. La película no es que tenga un protagonista como tal, aunque si hay un personaje en el que recae bastante peso es en el de Patrick Wilson, ya que es uno de los más importantes por ese entonces debido al puesto que ostentaba en el ejército, así como el eje principal de la defensa de los Estados Unidos.

Junto a él se encuentran Ed Skrein, Woody Harrelson, Luke Evans y Aaron Eckhart los cuales son los soldados más destacados de esta historia, siendo grandes eejmplos para todos sus compañeros cuando se les echaba todo encima al no poder defenderse de la ofensiva japonesa en Pearl Harbour. Bien es cierto que si son los que más escenas se llevan de calle, es por los méritos que se les atribuye a las personas que representan de aquel momento.

Pero ahí no queda todo, porque para ello cuentan con los jóvenes que se alisan al frente para servir a su país, sea en el terreno que sea. Nick Jonas, Keean Johnson, Darren Criss, Brando Sklenar o Jake Manley son algunos de los muchos aviadores jóvenes que estuvieron en los momentos más álgidos y expectantes de una batalla que no parecía tener fin.

Por el lado japonés hay que destacar los nombres del ya conocido Tadanobu Asano,Nobuya Shimamoto, Kenny Leu, Jun Kunimura o Etsushi Toyokawa entre los pocos personajes relevantes que hacen presencia durante la película. Este es uno de los puntos negativos de la cinta, ya que solo se cuenta, como es evidente, desde el punto de vista de los americanos. Quizás debería haberse hecho una comparativa y haber propuesto cierta equidad en los dos bandos, para que nos ea otra película patriótica más por mucho que haya que defender la postura de algún país en un conflicto bélico. Y como este no es el tema que nos incumbe, lo dejaremos así ya que vamos a disfrutar de esta nueva hazaña de Emmerich.

Casi la mayor parte de la historia tiene lugar en el mar y en el aire, cosa que hace que esta cinta necesite de un director como Roland Emmerich o en su caso yo habrái optado incluso por Michael Bay. Pero la elección de Emmerich encaja con lo que nos muestra, ya que es un maestro de los primeros planos, ofreciendo una experiencia inmersiva a los espectadores. De hecho, muchos de esos planos están realizados desde las avionetas de combate, que eran las protagonistas de esta lucha. Unos planos apabullantes, que te dejan atónito ante la esperanza de que ninguno caiga en combate, sin ir con ningún bando, aunque quien conozca la historia sabrá como acaba en parte.

A esto hay que sumarle una fotografía y unos efectos especiales de diez, que no hacen más que aumentar la experiencia inmersiva de la que hablamos. Algo más de dos horas de película en la que te quedas en el asiento sin moverte hasta que termine, porque todo es muy fluido y no se entretiene por el camino. Evidentemente, conoceremos datos de algunos de los personajes principales, como su familia o condiciones sociales, contando lo justo para que el espectador no se aburra y quiera pasar a la siguiente escena para que acabe. Así,el gran trabajo en el que ha involucrado Roland Emmerich al equipo de esta película, hace que se merezca una gran ovación.

No obstante, yo recomendaría verla en una sala de cine envolvente con un buen sistema de sonido, porque la experiencia no es la misma que verla en casa o en una sala convencional. Tampoco es necesario buscar algo caro, pero es obvio que las experiencias no serán las mismas. De paso aprenderemos, como en mi caso, un nuevo capítulo en la Guerra Mundial, el cual no es muy habitual verlo en los libros o que sea explicado en la mayoría de ocasiones. Totalmente recomendada en general, aunque sobre todo para los amantes del cine bélico.

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