‘Los Inocentes’, entrevistamos al director Guillermo Benet

‘Los Inocentes’, entrevistamos al director Guillermo Benet

Recientemente pudimos entrevistar al equipo de ‘Los Inocentes’, el filme dirigido por Guillermo Benet, que tras su largo recorrido como cortometrajista da el salto a su primer largometraje. El reparto lo conforman Olivia Delcán, Pilar Bergés, Pablo Gómez-Pando, Violeta Orgaz, Raúl De La Torre y Susana Abaitua. Aquí podéis leer nuestra entrevista con el director Guillermo Benet.

La película está grabada en formato vertical, como si hubiera un personaje más que fuera grabando todo en primera persona. ¿Por qué decidiste hacerla así?

Al principio nos planteamos trabajar con cada personaje cómo si fuese un confesión privada y personal acerca de sus recuerdos de esa noche. Eso nos llevo a construir la peripecia personal de cada uno de ellos. Así que más qué que haya otra persona grabando creemos que cada capítulo está marcado por el recuerdo o el viaje emocional de cada personaje. Decidimos grabarla en el formato 1:1 porque es un formato perfecto para hacer retratos y esto nos permitía aislar a cada personaje, separarlo del resto y democratizar sus puntos de vista. Esta decisión está íntimamente conectada con la decisión de que sean retratos, planos secuencia y con el trabajo de sonido que hemos hecho.

«…ambas películas son independientes

y hermanas de alguna manera»

Primeramente la idea de la película fue un corto que se estrenó en 2018. ¿Cómo se construyó la historia que completa lo que ya empezó (en parte) en dicho corto?

No considero que la película complete al cortometraje. Ambas nacieron a la vez pero desde su origen queríamos hacer dos películas distintas que nacieran del mismo material. En ese sentido considero que ambas películas son independientes y hermanas de alguna manera. El corto es más un capricho formal, mientras que la película ahonda en la construcción de personajes, es sus conflictos internos y en los temas que hay detrás del guión. Temas como la soledad, la culpa o la elaboración de un relato. Un ejemplo muy claro de cómo el largometraje y el cortometraje tienen naturalezas distintas es como está manejada la información. En el largometraje tienes toda la información desde el principio de esta manera se introducen más elementos dramáticos. Mientras que en el cortometraje la información te va llegando muy poco a poco colocando la película en el terreno del suspense.

«Fue un trabajo (…) interesante ver (…) cómo los actores tenían muchas pistas sobre cómo debían actuar sus personajes en función de cada escena.»

Hay escenas que se repiten desde diferentes ángulos o puntos de vista de varios personajes, ¿lo hicisteis con varias cámaras en una toma o tuvisteis que repetir?

En realidad hay muchas variaciones entre la misma escena contada por cada personaje. Nuestra idea es que estas variaciones tienen que ver con el punto de vista subjetivo del personaje. Cómo recuerda la historia, qué piensa de los otros personajes, qué siente… Lo que hicimos fue agrupar estas escenas y rodarlas el mismo día. De esta manera, éramos muy sensibles a las variaciones introducidas en función de cada personaje. Fue un trabajo muy interesante ver como esas variaciones eran cada vez más poderosas y cómo los actores tenían muchas pistas sobre cómo debían actuar sus personajes en función de cada escena.

¿Has tomado alguna obra como inspiración para realizar la cinta? Inevitablemente hemos pensado en Fuenteovejuna, viendo varias similitudes en cuanto a cómo se comportan los personajes.

No creo que haya tenido una gran referencia para la película, más bien hemos tenido muchas referencias que nos servían de guía para diferentes aspectos de la película. Teniamos referencias narrativas muy claras como ‘Rashomon’ o ‘The affaire’. Referencias formales como ‘El hijo de Saúl’ o ‘Mummy’ que nos permitían anticipar como iban a funcionar nuestras decisiones. Tambien teníamos referencias para algunos personajes, por ejemplo, recuerdo que para el personaje interpretado por Raúl de la Torre hablamos muchode ‘Fuerza mayor’ de Ruben Öslund.

Tambien recuerdo que muy al principio tenía como referencias fotografias de presos de principios del siglo XX. En estas fotografías aparecía el preso en dos planos, uno frontal y otro de perfil, sobre él su nombre y su delito. Me parecía que estas imágenes representaban a la perfección su culpa y su soledad. Me inspiré mucho en ellas para imaginar la película. Muchas de estas fotografías están recopiladas por Arne Svenson en un libro llamado ‘Prisoners’. También es importante decir que hay un momento en el que, igual que se mata al padre para madurar, hay que matar a tus propias referencias. Hay que entenderlas y pasar por encima de ellas para que la película adquiera su propia personalidad.

La culpa, la cobardía y la desconfianza se adueñan de la trama en todo momento, generando una situación cada vez peor. ¿Qué otras virtudes y defectos te gustaría haber explorado en los personajes?

Creo que la soledad y el miedo también son muy importantes a lo largo de la película. Pero también creo que hemos encarado a cada personaje desde un lugar distinto y que, si bien esos elementos son elementos generales que afectan a todos, hay otros que los diferencian entre si. Entre estos temas más individuales están la ira y la violencia, la nobleza, la templanza, la huida, la madurez (o la falta de madurez), la responsabilidad, la mentira…

Otra curiosidad que rodea a esta historia es que mayoritariamente vemos la acción centralizada en los protagonistas. A pesar de oír conversaciones de fondo o con personajes fuera de plano, ¿no tienen tanta importancia esos elementos y/o personajes secundarios en las escenas?

Creo que precisamente lo que hace esta apuesta formal es poner en valor todo lo que ocurre en el fuera de campo. Quería crear todo un mundo en oposición al rostro del personaje. Aislando a la persona, alejándola de todo lo que la rodea. La idea del plano secuencia y de la duración de los planos también buscaba ahondar en esta idea. Se establece de esta manera un diálogo entro el campo sonoro y el campo visual, ambos están enfrentados y de su relación surgen las conexiones cinematográficas que componen la película. Los personajes viven así zarandeados por un mundo que no controlan porque les es inalcanzable. Están en el centro de un huracán que les gobierna y que son incapaces de detener. Esta sensación de ‘Yo frente al mundo’ degenera en un destino que nos es impuesto. Al final la angustia es eso, perder el control, no gobernar tu futuro.

«(…) los festivales son una especie de templo

(…) Sevilla es uno de los míos.»

La película participa en el Festival de Sevilla junto a otras cintas recientes como Karen. ¿Cómo te sientes al estar tu película en este festival, que encuentra en medio de una situación muy crítica para el cine?

Creo que ha sido un festival especial. Ha sido extraño porque estamos muy acostumbrados a vivir los festivales de una determinada manera. Para los cineastas los festivales son una especie de templo. Vamos allí a ver cine, a hablar de cine, a aprender de cine… Te tiras todo el año esperando a que lleguen tus festivales favoritos. Sevilla es uno de los míos. Pero este año eso se ha roto un poco y ha sido duro, creo que quién más lo ha sufrido ha sido el propio equipo del festival, que adora el cine y su trabajo. Han hecho un trabajo increíble para conseguir que el cine se siguiene viendo en el cine. Para conseguir que las

películas se estrenasen en las salas. A mi me encanta el cine on-line, pero sigo creyendo que es un complemento de la sala, que es el estado natural de las películas. Los cineastas hacemos las películas para el cine. Hay un acto litúrgico en ello. Entrar en la sala, el acto colectivo de sentarse y crear el silencio. Se apagan las luces y de golpe un grupo de personas es transportado a otro mundo… Creo que el festival de Sevilla ha luchado porque eso se respete, porque eso es el corazón del cine. Bravo por ellos.

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